Y en un momento indefinido, entre
el almuerzo y la cena, uno va a recordar con cierta sorpresa y algo de nostalgia que había prometido algo, que tenía un pendiente escondido entre los días, amontonado entre cientos de
horas y que hoy se dejaba ver conmoviendo al cuerpo.
“Yo me prometí…”, lejos del ente poético, cientos de planes muy realizables que tenían una duración
aparentemente permanente. Ahora no recuerdo haberme jurado un trabajo,
pedirme de forma insistente que tuviera una pila de cosas empolvadas o que a
los veinticinco tendría un auto, una casa, un perro pastor o huellas de campus
aun entre las zapatillas que no abandono.
Luego vino el olvido, la pereza y
la sustitución, los desbordes y encuentros existenciales que perdieron mucho lo
intangible para centrarse en vitrinas de tiendas y olores de comida que como
trampas hicieron que hoy recuerde lo que no debía de haber olvidado.
Hoy volví, no sé si completo o en
partes que seguirán olvidando. Me recordé de mucho donde casi todo era yo mismo
y pienso quedarme por un tiempo no definido, pasearme por el dominio mientras
algunas clepsidras dan la vuelta para terminar de contar las horas que duraré.
Yo me prometí esto, que nuevamente
vuelve a cero, que hoy nace de la nada misma de olvidar lo ausente.

