lunes, 23 de julio de 2012

"Yo me prometí" (Breve notita mental)


Y en un momento indefinido, entre el almuerzo y la cena, uno va a recordar con cierta sorpresa  y algo de nostalgia que había prometido algo, que tenía un pendiente escondido entre los días, amontonado entre cientos de horas y que hoy se dejaba ver conmoviendo al cuerpo.

“Yo me prometí…”, lejos del ente poético, cientos de planes muy realizables que tenían una duración aparentemente permanente. Ahora no recuerdo haberme jurado un trabajo, pedirme de forma insistente que tuviera una pila de cosas empolvadas o que a los veinticinco tendría un auto, una casa, un perro pastor o huellas de campus aun entre las zapatillas que no abandono.

Luego vino el olvido, la pereza y la sustitución, los desbordes y encuentros existenciales que perdieron mucho lo intangible para centrarse en vitrinas de tiendas y olores de comida que como trampas hicieron que hoy recuerde lo que no debía de haber olvidado.

Hoy volví, no sé si completo o en partes que seguirán olvidando. Me recordé de mucho donde casi todo era yo mismo y pienso quedarme por un tiempo no definido, pasearme por el dominio mientras algunas clepsidras dan la vuelta para terminar de contar las horas que duraré.

Yo me prometí esto, que nuevamente vuelve a cero, que hoy nace de la nada misma de olvidar lo ausente.

sábado, 21 de julio de 2012

El primero de la noche (corto cuento que contar)


Él quiso hablarle dentro de ese bar y se planteó horarios para poder tener más eficacia. Era algo muy ambiguo plantearse la meta de tres horas, debía de poder hacerlo antes de las dos de la mañana, cuando no estuviera tan sobria pero lo suficientemente lúcida para sonreírle, por lo menos, mientras se acercaba dubitativo hacia su grupo. La hora se cumplió, el ebrio era él y ella parecía tan intacta a lo lejos y aunque contó mentalmente las cinco copas de diferentes componentes durante la noche, no parecía muy alegre ni muy triste, estaba tan inmaculada como había entrado, ni despeinada ni inquieta, sin la pizca de coquetería con la que contaba para el acercamiento. Reteniendo el miedo entre las entrepiernas y con ganas de mear se acercó muy temeroso, con el corazón atrapado en un zumbido de roedor que muy dentro de sí era placentero para su minúsculo ego.

-Eres linda ¿sabes?

Fue todo el cortejo. Mientras ella se alejaba con su grupo de amigas, destrozado volvió a la barra y pidió otra copa, lo atendieron rápidamente. Dos horas después y con cinco copas huérfanas de líquido salió y en la puerta se topó con ella pero esta vez más beoda. Estaba sola con la cabeza semi agachada y con notorios síntomas de desahogo intestinal. Él quiso pasar por su lado sin ver. Ella habló cuando ya estaba con el primer pie sobre la grada nácar.

-Oye ¿te parezco linda verdad?-

Y aunque por dentro solo quería escapar…

-Claro, incluso viendo tan poco en este estado puedo saber lo linda que eres.-

Volvieron, se sentaron en la barra nuevamente y charlaron un poco antes de empezar con los besos que aumentaban con el rigor de la necesidad y de las respuestas ilógicas. Ambos salieron  y antes de tomar el taxi al hotel vieron  el pequeño haz dibujarse entre las sombras y el naranja de los postes, la línea multicolor que baña la niebla elevada antes de que salga el sol. Como vampiros entraron en el primer auto sin saber si le tenían más miedo al día o al término de la noche. Ya en la habitación todo alcanzó el primer polvo que determinaba el éxito sin importar la felicidad o el estallido interno. Inmediatamente luego del acto se desparramaron uno con el otro, cobijándose en el calor paria, en el sudor cómplice del momento. Se habían rendido luego de lograr la victoria o algo parecido al confort de la cama caliente. Contra toda lógica, ella despertó sola.




viernes, 8 de junio de 2012

Un día...


"…Un día elegiste una fecha al azar y al no verme en ella supe que yo no era toda tu vida, ni tu espacio, ni tu tiempo. Me propuse entonces, con la seguridad que daba tu confianza, colarme de cierta manera en tu memoria, aparecer de forma intrépida, en todo lo que recordarás. Por eso luego de un tiempo, logre pedirte que escogieras tres fechas al azar y por lo menos en dos de ellas ya me había logrado infiltrar. Estabas tan extraña y me preguntaste como era posible que estuviera en partes donde todavía no nos conocíamos. Te dije que, tardara lo que me tardara, me colaría en todo lo que puedas recordar. Así me aseguré de ser tu pasado, presente y futuro, de estar en toda tu vida, en cada espacio en que andarás y en todo el tiempo que pudieras recordar.  Me esforcé tanto en ir y volver, en insertarme en cada imagen tuya, en mezclarme con la gente que habitaba en toda tu memoria y aprendí a moverme entre tus recuerdos más felices y más tristes. Así un día pude decir que lloré contigo cuando te caíste de la bicicleta, que estuve el día en que te mudaste de casa, contarte que me reí mucho al ver como eras en el colegio, saber de tus horarios, tus antiguos amores, conocer a tus amigos y amigas lejanos, me quedé una buena temporada en tu mente y cuando por fin regresé para abrir tus memorias juntos y reírme como siempre, estabas muy extraña. Luego de un rato supe que era yo intoxicante, que me había esparcido como un veneno que teñía todo de un color extraño, que ahora verme era muy hostigante, inaguantable como una película mal hecha repitiéndose eternamente sin permiso.
No pasó mucho, me volví a tu cabeza, me estoy quedando ahí pero ya no hago que me veas. Estaré muy ocupado quitándome de donde no debía de estar. Tomará algo de tiempo pero solucionaré todo, lo prometo. Una vez termine con eso, me quedaré en una parte tuya donde ya nunca busques, una que olvides dentro de poco, para que seas la de siempre."

lunes, 4 de junio de 2012

"Ser o no ser...un león" (Post para saber que tan animal se es realmente)



El tipo de la tele le preguntaba a uno de sus invitados: Si tuvieras que elegir uno ¿Con qué animal te identificarías?  Luego todo fue alegremente perturbador.

Tal vez dijo con un halcón, un jaguar o un tierno cachorrito. En realidad yo tenía ya la sonrisa plena antes de escuchar la respuesta. Así que apenas el invitado rompió su silencio,  justo en el instante en que  iba a salir la respuesta de su maquillada boca, solté la carcajada feroz desde el cuarto piso en la cocina sin siquiera percatarme de su respuesta.  Sonora y brutal, la risa movió, con una sacudida de torso, desde el respaldar de mi silla hasta, tal vez, algún cimiento de la buena casa. 

Daba igual con qué animal se comparara, yo sabía que, dijera lo que dijera, sería tan predecible y exagerado como es costumbre en tanta alegre gente de la tele. Leones, águilas, caimanes, panteras, búhos, picaflores, peces espada, otorongos, tigres y demás. La mayoría representaba su momento justo de vida con el triunfo,  y comparaba dentro y fuera de sí,  su excelente momento con el aletear de un cóndor majestuoso entre las cordilleras, porque solo  haciendo una referencia de tal magnitud, podrían hacer saber al público televidente como se sentían  tanto en cámaras como fuera de ellas.

Dejando ya la tele de lado y a sus graciosos abanderados, ese hábito de comparar ciertas características nuestras con formas animales, ese zoomorfismo que tanto nos gusta, que exalta tus destrezas  y  a la vez maximiza tus defectos, sirve también para ver cuan animales somos.

Por dar datos genéricos,  los felinos son los más salen rentables en el catálogo. Comparaciones con leones, tigres, pumas, jaguares y demás mininos. Por su agilidad dicen unos, por que son sigilosos y la vez muy “bonitos” suelen repetir mientras en los ojos se les forma una convicción tan parecida al animal elegido que no es de extrañarse que maúlle esa noche entre zapatos viejos lanzados de las azoteas.  Pero yendo al otro extremo, un borracho vividor solía decir que se sentía como un león y tenía completa razón ya que los buenos reyes de la selva solo cazan cuando no hay otro remedio y cuando  la leona ya no puede mantenerlos, aparte está el hecho de matar a sus propios cachorros machos para conservar el mando en la manada. Claro, este amigo golpeaba a sus hijos para compensar justamente eso que los felinos con gran melena tienen que hacer.

Los que se creen cóndores  nunca dicen abiertamente que sin ser carroñeros no vivirían y para esto mejor les va mejor ser un gallinazo de basural. La gente que ama a los lobos piensa más en su pelaje y su manera solitaria de vida ignorando tal vez  que son oportunistas natos y buscan la presa fácil y vulnerable. Los buenos hombres que dicen ser tigres sin saber que se comen a sus hijos si la hembra no los defiende. Del otro lado la gente que compara a un gordito con un elefante ignora que la lengua de una ballena pesa tanto como uno. Gente que dice ser como peces libres y felices aunque olviden que tienen solo tres segundos de memoria.

Siendo esta tal vez una lección de zoología, no es el hecho de conocer conductas animales para hablar de ellos pero hay que saber algo especial de alguien para poder compararse más allá de su primera impresión. Las similitudes no van a detenerse y creeremos siempre que los gatos son tiernos y que los perros los mejores amigos del hombre, diciendo que todas las aves son símbolo de libertad y cosas por el estilo que marquen nuestra forma muy individual de presentarnos con los demás pero el día en que escuchemos a un muñeco de la tele decir que quiere ser un delfín no por su amabilidad y bonita cola sino porque estos seres nunca duermen alternando partes de su cerebro para siempre estar despiertos, sabremos que nos acercamos a nuevas épocas.

 El ejercicio de compararnos debe de ser eso, un ejercicio regular, una búsqueda de similitud en otras áreas aun sabiendo que, si algún animal se comparara con otro, nunca elegiría al humano por  conocernos como eternos ignorantes en su gran mayoría y por demás cosas por las que nos deben de estar odiando en este preciso momento.