lunes, 6 de agosto de 2012

Los aros diarios (Paralelo entre un olímpico y un común)


“Y en los aros el oro es para Arthur Nabarrete”. Arthur es brasileño y según la tele el logro es histórico para su país. Arthur sonríe y se abraza al que debe ser su entrenador, las imágenes deben de ser diferidas porque de inmediato vamos al podio. Lo aplauden, sonríe, se ve emocionado mientras un chatín del comité le cuelga la medalla de manera pausada. El hombre se alza por encima de sus lados, quien sabe si con humildad o encaletada soberbia, da igual, es el mejor del mundo, quiere seguir sonriendo.

Arthur tiene veintidós y  cuelga una medalla dorada de su pecho. Claro que hay otros de menor y mayor edad que ya posan de sus esbeltos cuellos largas medallas. Aplauden en el coliseo, muchos de sus compatriotas saltan con este logro de hace apenas unas horas y los desconocidos ovacionan su actuación y se contagian del ruido general. Los que en casa lo vemos alegre no evitamos compararnos. Luego de vernos vencidos, recordamos lo que hicimos o lo que haremos, demonios, ¿a quién le gané?

Arthur para muchos, seguramente, es un privilegiado, alguien que supo explotar sus habilidades y tuvo el apoyo. Muchos se conforman con esa idea. Otros, luego de poner el parche al brasileño, examinan sus logros y luego de no encontrar nada comparable con un oro, se prometen algo de manera muy callada, cierran el puño y buscan un  mérito parecido en sus vidas personales. Casi nadie lo logrará.

El némesis de Arthur era el chino Chen Yibing actual campeón. Seguramente para el brasileño ver al asiático en su esplendor  era una tortura mezclada con miedo en la panza baja. Quién sabe si fue mejor para Arthur ver que Chen se presentara antes que él: más nervios o más motivación. Ahora, a muchos nos falta un Chen en el día a día. Un Chen no es el vecino que te jode con su música o con sus perros que aúllan de hambre, un Chen es alguien que te recuerda diariamente que siempre hay alguien mejor y lejos del odio provocado debe de trabajar como impulsor de capacidades para algún día callarle la boca en el momento más oportuno.

El actual campeón ahora ya debe estar imaginando cómo lo recibirán en su país, tal vez con una alegría desmesurada que saldrá de los suyos apenas lo vean, una sensación que debe de ser muy distinta al día de pago común de los no olímpicos. Esa medalla le aseguro el futuro y no solo el mes. En este punto cada quién verá en un pensamiento qué forma tiene su oro y, si la emoción dura, tratará de experimentar algún día, probablemente inexistente, lo que Arthur Nabarrete siente hoy.


miércoles, 1 de agosto de 2012

De gracia, de risa y demás (Insípido comentario sobre la risa)


Una buena risa es proporcional a la calidad de la broma, al estilo con que se cuentan los detalles exactos de una relación siempre ligada a un doble sentido poco perceptible. Luego siempre te ríes. 

Un golpe es gracioso de acuerdo a la zona de impacto. Si el golpe es real causa gran asombro antes que risa, si el golpe es fingido causa una gracia discreta en relación al que ha creído que es verdad. Un golpe es devastadoramente gracioso en proporción a su espontaneidad y al lugar golpeado aunque suele variar de acuerdo al sadismo y la amistad que se tenga con el herido. Un resbalón entre amigos es distinto que caer en plena plaza. La vergüenza ajena es graciosa para ciertos y muy graciosa para los demás. Un resbalón bochornoso de mujer es más risible para las mujeres mientras que uno de hombre es gracioso para todos.

Las risas recurrentes son indicadores de haber encontrado nuestro entorno ideal. La alegría de una broma está ligada al entendimiento de un lenguaje peculiar, a las claves sonoras que siempre están en extremos muy inteligentes o muy estúpidos. Ahora,las bromas intermedias deben de generar sonrisas y no risas intermedias porque nada llega más al huevo que se rían de tus cosas por compromiso. Una broma no siempre debe apelar a la carcajada, a veces se apunta al sarcasmo solapado, a la ofensa de otro nivel. En este punto se alaba el ingenio usado y no la risa socarrona.

La broma abierta nunca dejará satisfechos a todos mientras que el doble sentido encaletado tiene que satisfacer completamente a los entendidos. Toda confusión de lo gracioso es percibido como de mal gusto aunque las llamadas bromas de mal gusto son solamente bromas soltadas en un mal lugar. De ahí que la risa se divida por estratos sociales, políticos, religiosos y sean de los placeres que más prejuicios tienen en general.

Los imbéciles que convierten un chiste en una anécdota jamás se compararán a los iluminados que convierte irremediablemente toda anécdota en un gran chiste. Pero no todo lo que cause gracia tiene que contarse como historia, incluso las carcajadas salen de simples acotaciones en mitad de una conversación o nacen de una suposición o símil, a veces se crean de comparaciones inteligentes o demasiado tontas y  vagan por años incluso como simples juegos de palabras que terminan en boca de los niños que suelen reírse de todo.

La gracia es un instante, pasa una vez y su repetición solo es su desgaste. La risa está condenada  a ser nueva eternamente pero tiene la suerte de ser omnipresente, de gozar de eternidad, de ser tan infinita como el tiempo mismo.

lunes, 23 de julio de 2012

"Yo me prometí" (Breve notita mental)


Y en un momento indefinido, entre el almuerzo y la cena, uno va a recordar con cierta sorpresa  y algo de nostalgia que había prometido algo, que tenía un pendiente escondido entre los días, amontonado entre cientos de horas y que hoy se dejaba ver conmoviendo al cuerpo.

“Yo me prometí…”, lejos del ente poético, cientos de planes muy realizables que tenían una duración aparentemente permanente. Ahora no recuerdo haberme jurado un trabajo, pedirme de forma insistente que tuviera una pila de cosas empolvadas o que a los veinticinco tendría un auto, una casa, un perro pastor o huellas de campus aun entre las zapatillas que no abandono.

Luego vino el olvido, la pereza y la sustitución, los desbordes y encuentros existenciales que perdieron mucho lo intangible para centrarse en vitrinas de tiendas y olores de comida que como trampas hicieron que hoy recuerde lo que no debía de haber olvidado.

Hoy volví, no sé si completo o en partes que seguirán olvidando. Me recordé de mucho donde casi todo era yo mismo y pienso quedarme por un tiempo no definido, pasearme por el dominio mientras algunas clepsidras dan la vuelta para terminar de contar las horas que duraré.

Yo me prometí esto, que nuevamente vuelve a cero, que hoy nace de la nada misma de olvidar lo ausente.

sábado, 21 de julio de 2012

El primero de la noche (corto cuento que contar)


Él quiso hablarle dentro de ese bar y se planteó horarios para poder tener más eficacia. Era algo muy ambiguo plantearse la meta de tres horas, debía de poder hacerlo antes de las dos de la mañana, cuando no estuviera tan sobria pero lo suficientemente lúcida para sonreírle, por lo menos, mientras se acercaba dubitativo hacia su grupo. La hora se cumplió, el ebrio era él y ella parecía tan intacta a lo lejos y aunque contó mentalmente las cinco copas de diferentes componentes durante la noche, no parecía muy alegre ni muy triste, estaba tan inmaculada como había entrado, ni despeinada ni inquieta, sin la pizca de coquetería con la que contaba para el acercamiento. Reteniendo el miedo entre las entrepiernas y con ganas de mear se acercó muy temeroso, con el corazón atrapado en un zumbido de roedor que muy dentro de sí era placentero para su minúsculo ego.

-Eres linda ¿sabes?

Fue todo el cortejo. Mientras ella se alejaba con su grupo de amigas, destrozado volvió a la barra y pidió otra copa, lo atendieron rápidamente. Dos horas después y con cinco copas huérfanas de líquido salió y en la puerta se topó con ella pero esta vez más beoda. Estaba sola con la cabeza semi agachada y con notorios síntomas de desahogo intestinal. Él quiso pasar por su lado sin ver. Ella habló cuando ya estaba con el primer pie sobre la grada nácar.

-Oye ¿te parezco linda verdad?-

Y aunque por dentro solo quería escapar…

-Claro, incluso viendo tan poco en este estado puedo saber lo linda que eres.-

Volvieron, se sentaron en la barra nuevamente y charlaron un poco antes de empezar con los besos que aumentaban con el rigor de la necesidad y de las respuestas ilógicas. Ambos salieron  y antes de tomar el taxi al hotel vieron  el pequeño haz dibujarse entre las sombras y el naranja de los postes, la línea multicolor que baña la niebla elevada antes de que salga el sol. Como vampiros entraron en el primer auto sin saber si le tenían más miedo al día o al término de la noche. Ya en la habitación todo alcanzó el primer polvo que determinaba el éxito sin importar la felicidad o el estallido interno. Inmediatamente luego del acto se desparramaron uno con el otro, cobijándose en el calor paria, en el sudor cómplice del momento. Se habían rendido luego de lograr la victoria o algo parecido al confort de la cama caliente. Contra toda lógica, ella despertó sola.